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sábado, 17 de noviembre de 2007

Entrevista con Jo

Jo tiene 25 años, es saudí y escribía uno de los blogs más populares de su país (A thought in a Kingdom of Lunacy, en inglés, ahora cerrado). La entrevisté, via email, el 24 de octubre del 2006, para un reportaje. Me contestó las preguntas con un único texto:

"Disculpa que haya tardado en contestarte, pero no he podido contectarme a Internet durante una temporada. Sobre mí: tengo 24 años y llevo cuatro años viviendo en Arabia Saudí. Crecí en Inglaterra, lo que explica por qué encuentro tan difícil vivir en Arabia Saudí. In a nut shell, in England I was allowed to live a somewhat independent life, but here I cannot even go to a supermarket without some sort of interrogation and even when I am allowed, I am accompanied by someone to supervise me - usually the person supervising me is either a parent or a sibling, including my 10 year old brother!

"I came across blogging through an article in the Guardian. The first Saudi blogs I started reading were saudijeans and farahssowaleef. I can't really remember why I started blogging. But, I think initially I wanted a blog to get into writing articles. With time, however, my blog just basically turned into rants about "my life and family". It was actually a friend of mine who helped me come up with the name of my blog.

Blogging for me now is about getting to speak my mind. I can vent out my frustrations which I deserpately need here. It's one of the few things I can control. It's something that my family cannot control - of course they do control whether or not I access the internet, but at least when I am on and blogging then it's all me.

I don't actually conserve my anonymity. It wouldn't take much investigating to figure out who I am, which is why a lot of people from my life who I had never told about my blog, realized it was me. It's true that I do not use my full name, but that has more to do with Saudi culture, that's all.

I don't go around telling people about my blog here, because they don't understand the concept of blogging anyway. But, my friends do know about my blog. Also my family know that I do have a web page - they just don't know the url. One of my brothers does actually read my blog though.

I am frequently stopped from blogging, because my parents don't want me using the internet. I don't know why and to be honest, I don't really care what their reasons/excuses are.

I have met a few Saudi bloggers. It was either spontaneous where by I just email them out of them blue and ask them to meet up or I've been in contact with them via chatting or the phone. I like meeting new people, especially bloggers, because I know a lot of them tend to have misguided view of me.

I have met one male blogger. He wasn't Saudi though. We met for coffee once. Of course I had to sneak out to do so. I am in contact with other male bloggers either via chatting or the phone.

Gernally speaking, with most bloggers, we talk about anything and everything. Nothing strange. It's just like making new friends.

This country may be segregated, but men and women still manage to find ways to contact eachother.

For me the internet keeps me sane. It's an easy and cheap way for me to communicate with my friends back in London. It's also not a bad way to meet interesting Saudi men and women.

I've said it a million times, THANK GOD for mobile phones. They really are the only somewhat safe way to contact men, so definitely thank God for them.

The picture I use is by the great photographer Bill Brandt. I chose it, because it's so simple yet says so much."

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Mujeres al volante

He estado siguiendo con mucho interés la campaña que han puesto en marcha un grupo reducido de mujeres activistas sauditas para exigir el derecho a conducir. Todo empezó el mes pasado, cuando la llamada "Liga de Solicitantes del Derecho de las Mujeres a Conducir Coches" recogieron más de un millar de firmas y se las mandaron el 23 de setiembre, día de la fiesta nacional del país, al rey Abdalá. Así reza el texto de la petición:

Me puse en contacto con la campaña a través de la misma dirección de hotmail que se usó para recoger las firmas. Me interesaba saber, particularmente, cómo habría funcionado la campaña sin email (¿habría sido simplemente posible?). Me contestó una de sus dirigentes, Wajeha al-Huwaider, conocida activista, periodista y feminista saudí. Aquí está el discurso que pronunció en 2004 antre el International Pen, tras recibir el Novib-Pen-Award. "Controlate ésto y no tendrás problemas", he leído que le dijo (señalándole la boca) un agente de la inteligencia saudí en una de las ocasiones en la que ha sido interrogada.

Wajeha es una mujer con coraje. Desde el 2003, tiene prohibido publicar en la prensa saudí porque es incapaz de callarse la boca acerca de la situación de las mujeres en el reino. El 4 de agosto del 2006, coincidiendo con el primer aniversario de la entronización del rey Abdala, llevó a cabo una manfestación en solitario, cuando se plantó en el puente que enlaza Arabia Saudí y Bahrein con un cartel colgado que decía:"¡Dad a las mujeres sus derechos!". La detuvieron durante unas horas y sólo la dejaron en libertad cuando su hermano fue a recogerla. "Las leyes saudíes no permiten a las mujeres ser responsables de sus actos. Sólo cuando llegó mi hermano, que es unos cuantos años más joven que yo, estuvieron de acuerdo en liberarme", explicó tras el suceso. Para salir, tuvo que firmar un escrito en el que se comprometía a dejar de escribir artículos, organizar protestas y comunicarse con organizaciones internacionales y prensa extranjera.

La campaña que ahora lidera ha obtenido bastante atención internacional, pero poca en casa. Desde que la escribí, me ha mantenido informada por mail de los artículos que ha suscitado. Entre ellos, me ha mandado uno publicado en la Saudi Gazette, el 3 de noviembre, que recoge unas declaraciones recientes del príncipe Saud al-Faisal (titular de Exteriores), que aseguró que la prohibición de conducir no es algo que deba decidir el gobierno sino las familias. El artículo cuenta como Waheja y Fozya al-Ayouni, también activista, aprovecharon la oportunidad y se presentaron en el departamento de tráfico de Damman, donde viven, para solicitar el carnet de conducir. No les permitieron entrar pero las dos mujeres no se dejaron amedrentar y pidieron que el responsable del departamento saliera a la entrada a hablar con ellas. Se negó, diciendo que "estaba reunido", pero mandó en cambio a su oficial de Asuntos Religiosos (!), un tal Abu Fat-hi. Cuando las dos mujeres le preguntaron por qué no podían pedir la licencia, Abu Fat-hi dijo que el departamento no había recibido un informe sobre la cuestión y que eso está en manos del Emir de la región. Cuando preguntaron por las normas para solicitar licencias al funcionario de turno, les preguntaron por la edad del conductor. "Le dije, te refieres a mi edad. Soy yo la solicitante", contestó Oyuni. "En estado de choc", acaba la nota del periódico, "el funcionario dijo que no se gestionan licencias para las mujeres".

Estoy esperando todavía que Waheja me conteste por mail el cuestionario que le mandé. De momento, sólo ha respondido a una de las preguntas que le hice, si tenía un blog:

- No, ¿puedes tú ayudarme a abrir uno?

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Su espacio, nuestro espacio

Asistí el lunes por la tarde en la Universidad Americana del Cairo a una charla sobre blogs y mujeres. La audiencia, unas treinta personas, entre estudiantes y profesores, era aplastantemente femenina.

La convocatoria: "Are you on Facebook? or MySpace? Are you a blogger? Join us in an open dialogue about girls surfing the Internet. Her Space, Our Space: Girls & Women Pushing the Boundaries of Cyberspace. Host: Mona el Tahawy (award-winning journalist & commentator)The Bussy Project Club (giving girls & women space & voice through the internet & performing arts) and women from the Egyptian blogsphere (Rehab Bassam and Shahinaz Abdel Salam)"

Mona es una conocida periodista egipcia que vive en Nueva York. La conocí en la manifestación contra el acoso sexual del año pasado, y aproveché este viaje al Cairo para entrevistarla con calma. Quería saber su opinión sobre la efervescencia bloguera en el mundo árebe, ya que ha hablado de ella en distintos artículos de opinión.

El debate estuvo bien, interesante y divertido (cómo lo son a veces los coloquios en los que sólo asisten mujeres). Internet, estoy segura, ha revolucionado los espacios de expresión y de relación femeninos y ha dado alas para decir lo que les de la gana a muchas mujeres. "El ciberespacio no es vivir en un mundo de fantasía, es una manera de luchar por la libertad. No tiene que haber una razón política o religiosa para abrir un blog, simplemente es un espacio para hablar de lo que sea. En mi caso, no puedo ni mencionar la palabra "virginidad" delante de mi hermano sin sentirme incómoda", comentó una de las chicas asistentes.

Mona arrancó la charla preguntando quien tenía una cuenta en Facebook (gran mayoría) y quien tenía un blog (cerca de la mitad), y contó cómo los blogs le habían hecho recuperar su interés por la política egipcia. "Dejé Egipto en el 2000, harta del estancamiento político y cultural. El día que leí una entrada de Alaa Seif contando cómo había defendido a su madre en una manifestación, pensé: 'Dios mío, algo está pasando en Egipto!' Vine al Cairo y le dije a Alaa: 'tú eres la razón por la que estoy aquí'". Los blogs, añadió, han permitido a los jóvenes árabes tener la voz que se le había negado y un lugar donde expresarse y sentirse seguros.

Tras ella hablaron Rehab y Shahi. Rehab escribe literatura y se está plantenado dar el salto editorial y publicar algunos de sus textos. Abrió su blog en 2004, "cuando todo el mundo empezó a hablar de todo y yo sentí que debía escribir". Más interesante, para mí, fue Shahi. "Crecí en una familia conservadora, como muchas chicas y no tenía el derecho a decir no. He vivido siempe en Egipto, y ni en casa ni en la universidad tuve la posibilidad de decir lo que quería. El blog ha sido un canal para hablar, para encontrar gente que piensa igual que yo", empezó, contando entre risas que su padre es militar. Shahi empezó al mismo tiempo el blog y el activismo politico. "La primera protesta a la que asistí y documenté con fotos en mi blog, fue en febrero del 2005, durante la Feria del Libro. El corazón me latía a toda velocidad!", contó. "Hemos hecho cambios, la gente és ahora más valiente", sostuvo. "Estamos presionando al gobierno en muchos frentes".

Quiero ser astronauta

Maryam Aljoaan es una mujer poco común. Nació en Kuwait hace 26 años, estudió durante cuatro años ingeniería en Estados Unidos y acaba de regresar de San Petersburgo, donde ha pasado nueve meses estudiando ruso. Y todo porque se empeñó en hacer realidad un sueño que ya tenía de pequeña: conocer el universo y ser la primera mujer árabe en ir al espacio. Radioaficionada, en agosto de 2005 consiguió hablar con su ídolo, el cosmonauta ruso Sergei Krikalev, comandante de la Expedición 11, en la Estación Espacial Internacional.

Los blogs han dado voz a las mujeres árabes, ya sea para vociferar sus frustraciones, expresar sus deseos o dejar bien claras sus opiniones. Maryam también tiene uno, So I want to be an astronaut (Pues quiero ser astronauta), en el que recoge el día a día de sus logros y ambiciones… ¡que son muchos! En 2004, ganó el primer premio a la mejor bitácora kuwaití y el tercero a la mejor de Oriente Próximo y África. Lo descubrí no hace mucho por casualidad, y no resistí la tentación de ponerme en contacto con ella…

P: ¿Por qué un blog?
R: Quería expresar mis sentimientos y compartir con otra gente mis opiniones, mis sueños y mis planes. Escribo en inglés porque es un idioma internacional y me lee gente de todas partes. Es un archivo de mi desarrollo personal y de mi experiencia y es, a la vez, una fuente de inspiración para mis lectores. Muestra la estrategia que estoy siguiendo para poner en práctica mis sueños.

P: ¿Confías es hacerlos realidad?
R: Cuanto más me meto en la industria del espacio, más creo que podré algún día realizarlos. Ahora coordino los programas educativos del departamento de astronomía y ciencia espacial del Club de Ciencia de Kuwait. Ser un astronauta requiere paciencia y yo me tomaré el tiempo que haga falta. La profesora y astronauta Bárbara Morgan esperó durante dos décadas, hasta que pudo ir al espacio este año.

P: ¿Y tu vida personal?
R: Mi sociedad espera de mí que me case, probablemente a través de un matrimonio pactado, a lo que me opongo. Eso no quiere decir que no quiera crear mi propia familia. De hecho, quiero tener hijos antes de ir al espacio, porque las radicaciones podrían ser perjudiciales.

P: ¿Eres una excepción en Kuwait?
R: Mi familia no es muy conservadora, y aunque no cuento con el apoyo de mis padres, tampoco me impiden que siga con mis planes. Tengo suerte de tener un poco más de libertad que la media en Kuwait. Por ejemplo, puedo viajar sola y asistir a congresos sin un guardián masculino.

P: ¿Y la mayoría?
R: En nuestra región, se espera de las mujeres que se comporten según su cultura y tradiciones y nunca crucen las líneas rojas. Kuwait es todavía una sociedad tribal y masculina y es más conservadora ahora que en los 60 o 70 a causa de la influencia de los fundamentalistas islámicos. Las mujeres ya tenemos el derecho al voto, pero hay un déficit de concienciación política. La mayoría somos profesionales y universitarias, de lo que me siento muy orgullosa, pero necesitamos creer más en nosotras mismas, ser más conscientes de nuestros derechos y hablar sin tapujos. Por eso los blogs son tan importantes, porque nos permiten hablar sobre nuestros problemas sin censura y bajo identidades anónimas.

lunes, 4 de junio de 2007

Aya y Aya

Aya Alaa (izquierda) tiene 22 años y Aya al Faky (centro) sólo 20. Ambas son bloguers, miembros de los Hermanos Musulmanes y estudiantes de Comunicación en la Universidad del Cairo.

He estado charlando con ellas esta tarde, sentadas en un banco frente a la Facultad. Me han parecido dos chicas inteligentes, agradables y llenas de ambiciones e idealismo. Hablan de construir un mundo mejor a través del Islam y mencionan al líder de la no-violencia Mahatma Gandhi. Aya Alaa quiere ser relaciones públicas, formar algún día una familia 'musulmana' y contribuir a mejorar el mundo. Aya al Faky es más combativa. Planea ser periodista y sueña con hacer política. "Igual seré la primera mujer líder de los HM!", me ha dicho riendo, segura de sí misma.

Las conocía ya, pero habíamos hablado poco. Coincidimos en la Conferencia antiguerra del Cairo, en marzo, y las encontré de nuevo ante la oficina del fiscal de Shubra, cuando el blogoperiodista islamista Abdel Monem Mahmoud fue interrogado por segunda vez tras su detención. Habían ido para dar apoyo y denunciar la detención. Se saltaron las clases de la Universidad y aparecieron cargadas con una bolsa de enormes lápices confeccionados con cartulina, como símbolo de libertad de expresión.

Como muchos jóvenes islamistas, las dos Ayas son hijas de familias militantes de los HM, por lo que su pertenencia al grupo parece más una cuestión 'hereditaria' que de libre elección. Aún así, Aya me ha explicado por qué milita en el movimiento. "La manera que los HM entienden y representan el Islam es la más próxima al de profeta Mohamed, y a través de ellos podemos cambiar el mundo para mejor", ha dicho.
Hablando con ellas, no he podido dejar de pensar cuan diferentes son de la imagen habitual que de las mujeres islamistas se suele tener en España. Por supuesto, ambas llevan el velo islámico -lo consideran una obligación ineludible de cualquier musulmana- y denuncian -con timidez- algunas costumbres occidentales excesivamente liberales para su gusto. Sin embargo, me han parecido más abiertamente críticas con los "defectos" de los HM que los jóvenes islamistas que he entrevistado hasta ahora. Hemos hablado de lo que debería cambiar, y han sido claras y coincidentes en sus respuestas.
1) El papel de la mujer. "Los derechos que el Islam dio a la mujer en tiempo del Profeta no se respetan y se aplican con defectos. Las mujeres somos tan capaces como los hombres, pero no nos han dado la oportunidad de mostrarlo", han dicho.
2) La relación con la sociedad. "Los HM han de abrirse más a la sociedad, aceptar opiniones diferentes y ser más democráticos", han subrayado. "Ha sido a causa de cuestiones de seguridad, y las detenciones, de hecho hasta hace dos años no nos atrevíamos a decir que éramos Hermanos. Pero lo que no puedes hacer es encerrarte siempre en ti mismo porque para la sociedad eres un gran interrogante. Tienes que presentarte, decir cómo eres y cómo piensas, así te aceptarán".
Los jóvenes, han dicho, están intentando impulsar un cambio, y sobre todo, adaptarse a los tiempos que corren. Han puesto como ejemplo las relaciones entre ambos sexos dentro del grupo, hasta hace poco muy restringidas. "Dijimos que no. Podemos hablar, podemos salir juntos, dentro de nuestros límites islámicos, y ellos lo han entendido. Para nosotras, estudiantes de comunicación, era esencial poder trabajar con hombres".
Otro ejemplo: las relaciones con otros jóvenes representantes del espectro político egipcio, seculares o de izquierda. "Los veteranos vienen de la era de las ideologías y nadie quiere renunciar a sus puntos de vista. Para nosotros es más fácil. Estamos más abiertos a oír voces diferentes y nos formamos nuestra propia opinión en base a las otras. Ser sólo miembros de base nos da más margen de maniobra".

jueves, 17 de mayo de 2007

Mujeres en huelga

Amal pudo ver ayer a su único hijo. Amr, doce años, la visitó en la fábrica textil donde trabaja y donde lleva desde el 21 de abril en huelga, encerrada con más de un centenar de compañeros. Su alegría era tan evidente que no paraba de abrazarlo y besarlo en todo el rato. Um Heba, la madre de Heba, en cambio, lloraba de nostalgia. Hace un mes que no ve a su hija y la separación y las duras condiciones en las que se desarrolla la protesta se le están haciendo insoportables. Tampoco lo tiene fácil Nermine, que se casó tres días antes del encierro, aunque ella lo explicaba sonriendo entre las bromas jocosas de sus amigas. Adiós luna de miel.

Amal, Um Heba y Nermine trabajan en la empresa Mansoura-España Garments, llamada así porque fue fundada en 1985 con capital español, aunque ahora la propiedad es egipcia. Está situada en Talkha, en el delta del Nilo, a unas dos horas y media en coche desde El Cairo. Confeccionan camisetas y prendas para niños en una gran nave industrial, llena de largas hileras de máquinas de coser. Sólo una tercera parte de los empleados, 289 en total, son hombres, y sólo cuatro gatos -entre los cuales Abu Heba- están con los huelguistas, unos 150. La gran mayoría, abrumadora, son mujeres, de edades que oscilan entre los 20 y los 50.

El bloguer y periodista Hossam al-Hamalawi ha estado siguiendo el conflicto así como otras huelgas y luchas laborales -ya son muchas- que han estallado en Egipto en los últimos meses. En el caso de Mansoura-España, los trabajadores reivindican el sueldo impagado de febrero, así como los atrasos que les deben desde hace 15 años. Los salarios son tan irrisorios que ni siquiere pueden calificarse de bajos. Son sencillamente indignos: la mayoría cobra unas 150 libras egipcias al mes, lo que al cambio no llega ni a 20 euros. ("¿Cómo podemos comer con esto?"). La empresa paga las horas extras -forzosas- a 20 piastras (unas seis pesetas!). Como recordaba ayer Hamalawy, los trabajadores gastan gran parte de ese importe en transporte y comidas. ¿Qué les queda para llevarse a casa?

Hamalawi ha ido ya en varias ocasiones a Mansoura, para informar y para ayudar, acompañado de otros periodistas y activistas de derechos humanos, como fue ayer el caso de la psiquiatra Aida Seif el Dawla, del Nadim Center para la Rehabilitación de las Víctimas de la Violencia, que aprovechó el viaje de solidaridad para chequear la salud de las trabajoras. "No están nada bien. Hay infecciones, diarrea y un par de casos de tifus. Éstán mal alimentadas, les duele la espalda y están exhaustas", explicaba después.

No es extraño. Sabrina, cuarenta años, tres hijos, me enseñó donde dormían, directamente en el suelo o protegidas sobre cartones en algunos rincones.

Se me hace tarde. Lo cuento más tarde.

lunes, 14 de mayo de 2007

Acoso sexual

Engy tiene 29 años y es soltera. Es alta, delgada y bonita. Luce una melena corta, lleva los ojos ligeramente maquillados y va vestida a la occidental, con unos pantalones vaqueros y una blusa. Trabaja a jornada completa en una organización egipcia que lucha por los derechos de la mujer (New Woman Foundation), una de cuyas principales campañas es combatir el acoso sexual, en la calle y en el trabajo. Una de sus fundadora es Amal Adel Hadi, madre de la bloguer Manal Hassan.

La conocí durante la manifestación contra el acoso sexual que se celebró el 10 de noviembre pasado en El Cairo (cuelgo una foto) y la he vuelto a encontrar hoy en la conferencia que distintas organizaciones de la sociedad civil habían convocado en el sindicato de periodistas para unir esfuerzos y diseñar una campaña conjunta contra la intimidación de las fuerzas de seguridad y del Estado. Hemos estado fumando -ella Cleopatras- y charlando un rato. La situación de la mujer en Egipto deja mucho que desear, me ha dicho. "El problema más grave", ha añadido, "es que no me siento libre. No puedo andar a mis anchas por la calle, me siento constantemente mirada y juzgada".

May, la contable de la fundación feminista, 30 años, se ha añadido a la conversación. "El acoso sexual es constante. Miradas y tocamientos. Estés casada o no lo estés, lleves velo o el pelo descubierto, sea de día o de noche, no hay diferencias", ha puntualizado con una cierta amargura. "Voy sola a todas partes, pero de noche evito andar por la calle y suelo coger taxis". "Supongo que ya lo sabes", ha añadido, dando por descontado que probablemente yo también haya tenido malas experiencias con la población masculina egipcia.

Quería hablar antes del acoso sexual contra las mujeres, pero no he tenido tiempo. Es uno de los temas tabú más sonados que los bloguers egipcios han sacado al debate público últimamente. De hecho, fueron ellos los promotores de la protesta que mencionaba antes, que convocaron después de haber sido testigos, por casualidad, del asalto de unas cuantas mujeres enfrente del Cine Metro en Downtown, tras el Ramadán pasado. Causalmente, hablé ayer con Sandmonkey de este tema. Lo cito de memoria. "Fue la primera campaña que organizamos que tenía un objetivo concreto, no sólo corear eslóganes contra Mubarak", me dijo, más o menos. "Reunimos a gente de todas las ideologías por una causa social y demostramos que los blogs son una herramienta para el cambio y el debate".

sábado, 31 de marzo de 2007

Rompiendo el Silencio

Entré en contacto con la blogosfera saudí en el 2005, cuando preparaba el reportaje "Dissidència a la xarxa" para el diario Avui. Entrevisté entonces a Ahmed, el autor de "Saudi Jeans", uno de los más destacados bloguers del país. Estudiante de Farmacia en Riad, de 21 años, Ahmed escribía por aquel entonces bajo el anonimato. Con el tiempo decidió desvelar su identidad, aunque a costa, como reconoció, "de pensarse dos veces" ahora lo que dice. Ahmed al Omran, así es como se llama, ha sido entrevistado desde entonces innumerables veces y su foto ha salido publicada en distintos medios locales e internacionales.

No es exagerado decir que Ahmed y su amiga Farah Aziz fueron pioneros en el uso del blog en Arabia Saudí. Más tarde, y gracias a la recomendación de la bloguer israelí Lisa Goldman, descubrí que las mujeres saudís se habían apuntado en masa a la blogosfera y que los diarios online femeninos habían empezado a proliferar como setas en la red. Me interesó, los leí y me sorprendí por la frescura, la gracia y la franqueza que destilaban. Decidí entrevistar a algunas de ellas por mail, y La Vanguardia se interesó en el reportaje. Muchas de ellas respondieron. Cuelgo la primera versión que escribí del reportaje, publicado en una edición mucha más reducida en febrero del 2007.


Rompiendo el silencio
Internet y las nuevas tecnologías de comunicación están abriendo fisuras en el apartheid sexual que impera en Arabia Saudita. Cada vez más mujeres anónimas utilizan los blogs para expresarse libremente, denunciar la discriminación y exigir sus derechos. Un clamor online que rompe con años de silencio.


Jo se crió en Inglaterra pero hace cuatro años regresó con su familia a vivir en su país natal, Arabia Saudí. La vuelta a Riad para esta joven de 24 años fue dura. Tuvo que adaptarse a las estrictas restricciones que impone el wahabismo saudí, una de las interpretaciones más rígidas del Islam. “En Londres llevaba una vida más o menos independiente. En Riad, hasta para ir al supermercado tengo que pedir permiso y si me lo dan, me acompaña algún pariente para supervisarme, incluido mi hermano menor, ¡que sólo tiene diez años!”, explica con amargura. Su sueño es regresar a Londres y abrir una enorme librería.
Encorsetada en una de las sociedades más conservadoras del mundo, Jo se ha refugiado en Internet. El correo electrónico le permite escribirse con sus amigos y el móvil hablar con del otros sexo mientras fuma cigarrillos en el terrado de su casa. Hace un año y medio, descubrió el mundo de los blogs, los diarios personales colgados en la red, y decidió empezar uno en inglés. En A thought in the Kingdom of Lunacy, ventila sus frustraciones. “El blog me mantiene cuerda; es una de las pocas cosas que controlo de mi vida”, explica en un intercambio de mails.
Jo no es un caso aislado. Como ella, decenas de jóvenes saudís han tomado Internet por asalto y han convertido sus bitácoras online en un caballo de Troya capaz de abrir fisuras en la muralla del silencio saudí. En un país donde tienen prohibido conducir, han de cubrirse para salir a la calle, necesitan el permiso de su tutor para estudiar, viajar, operarse y casarse, las mujeres han encontrado en la red un espacio insospechado de libertad para expresarse. Los hombres también. El boom ha sido especialmente fuerte este último año: ahora mismo existen entre 500 y 600 blogs en el país, más de la mitad escritos por ellas.

Censura en Internet
Las nuevas tecnologías de comunicación están cambiando los hábitos de los jóvenes saudís. La irrupción de la televisión por satélite, a principios de los 90, dejó de blindar a la sociedad contra las influencias exteriores y desveló a los que no pueden viajar cómo es la cultura internacional. Internet se convirtió pronto en una fuente de información alternativa y una herramienta para evadir la censura. “Si no fuera por la televisión por satélite e Internet, los saudís no estarían al tanto de muchos asuntos, algunos importantes para ellos”, apunta Aya, que desde Estados Unidos, donde estudia, escribe Alien Memoirs, un blog ecléctico y lleno de anotaciones interesantes. La peor exportación americana, asegura, es McDonalds y la mejor, el individualismo.

Consciente de que Internet es un espacio difícilmente dominable, el reino saudí restringió su uso hasta 1999, cuando pudo controlar el acceso a la información y a contenidos como la pornografía, el proselitismo religioso y la propaganda contra el status quo. Un decreto del 2001 prohíbe acceder o publicar contenidos prohibidos: los que violan la tradición islámica, la decencia pública o fomentan la violencia y la propagación de ideas subversivas. El sistema de filtraje es uno de los más rigurosos, sofisticados y caros del mundo, pero también uno de los más transparentes. El guardián de la ortodoxia en la red, la Internet Services Unit (ISU), explica en su página web su filosofía y facilita formularios para que el público se convierta también en censor y solicite que se prohíba un portal. La lista negra incluye más de 400.000 webs, entre las cuales las que aluden a los derechos, la salud y la vida íntima de las mujeres.

Como en el caso de la telefonía móvil, los jóvenes saudís se apuntaron con entusiasmo a la red y especialmente las mujeres, que suponen ya un tercio de los usuarios del país. En 2003 ya había 1.6 millones de internautas y más de siete millones de líneas de telefonía móvil, el doble que de terrestres. Antes que los blogs, los fórums y los chats rooms causaron furor y permitieron a los jóvenes discutir sobre temas que les importan: política, religión, arte, música o relaciones personales, ya sea desde una perspectiva liberal o extremista. “Muchos saudís son adictos a los chats, porque necesitan expresarse y comunicarse”, opina Hatoon al-Fassi, intelectual liberal y destacada feminista saudí. “La pantalla del ordenador es una puerta de salida a la falta de libertad y a la represión. A través de los chats, los internautas escapan a las leyes de la sociedad, imponen sus propias reglas y crean su propia comunidad”.
Los blogs llegaron tarde a Arabia Saudia, hace apenas dos años, pero proliferaron rápidamente. La tecnología blog es sencilla y accesible, basta con tener un ordenador y una conexión a la red. Saudi Jeans, de Ahmed al Omran, estudiante de Farmacia de Riad, Farah Sowalef (Chismorreos de Farah) de Farah Aziz, una provocativa estudiante de Traducción, y The Religious Mutawa (El Policía Religioso), escrito por un saudí desde Londres, fueron algunos de los pioneros y son ya clásicos en la “literatura” online del país.
Saudi Blogs, la comunidad saudí de bloggers que crearon el año pasado Al Omran y Aziz, organiza reuniones informales entre sus miembros y contiene un agregador que ya tiene listados cerca de 300 diarios. Los hay para todos los gustos, escritos en árabe, en inglés o en una mezcla de los dos idiomas. Desde los que se dedican a contar sus reflexiones y vivencias cotidianas a los que inciden en los comentarios políticos o el análisis de la situación en Oriente Medio. En su conjunto, reflejan cómo vive la nueva generación de saudís, sus preocupaciones y las barreras a las que los restringe su sociedad y lo hacen a través de un lenguaje directo y desenfadado, a menudo muy sarcástico.
En manos de algunas mujeres, las bitácoras online son una vía para denunciar la discriminación y participar en los asuntos públicos. “Cuando empecé mi blog, no sabía exactamente qué hacer con él. Pero luego, se convirtió en una herramienta para expresarme sobre todo lo que me molesta. Descubrí que era más fácil escribir sobre ello que decirlo. La belleza de los blogs es que nadie puede impedírtelo”, explica Aadi, el pseudónimo de una chica de 23 años licenciada en Arte. “Es reconfortante saber que nada está fuera de nuestro alcance. Es una libertad absoluta”, coincide Ubergirl (Supermujer), una estudiante de literatura inglesa de 19 años que dedica su blog a “vociferar su enojo” y a denunciar sin pelos en la lengua lo que califica sencillamente de “apartheid sexual”.
Como en el de Ubergirl, en algunos blogs femeninos la crítica es incisiva y atrevida. Ningún tabú queda en pie: la prohibición de conducir; la insidiosa tarea de los mutawa (policía religiosa); los matrimonios pactados, las relaciones con los padres y hermanos, o la falta de diversiones. “Me pone enferma que las mujeres tengan que vestir de negro de la cabeza a los pies. Estoy harta de no poder reír fuerte en público, de no tener ni una librería ni una tienda de música decente”, escribió Ubergirl el año pasado. “Harta de que los hombres me miren el pecho, de no tener nunca nada que hacer, de tener que ser paranoica las pocas veces que puedo salir de casa porque estoy en el punto de mira de los mutawas. ¡Estamos anclados en el año 1804!”.

Anonimato
La capacidad de influencia de los blogs saudís es limitada, ya que la tasa de penetración de Internet en el reino no llega todavía el 15% de los 24 millones de habitantes. Aún así, algunos blogs se están haciendo oír y han captado la atención de la prensa internacional.
Convertidos en una especie de embajadores alternativos de su país, los diarios online están ofreciendo una imagen de Arabia Saudita que va más allá de “la tierra del desierto y los camellos, el petróleo y Osama Bin Laden”, el estereotipo que denuncia Al Omran. “Arabia Saudí es un país muy cerrado y la gente es muy reservada, sólo los saudís lo conocemos y podemos explicarlo. Hace sólo cuatro meses que abrí mi blog, y me lee gente de hasta 17 países”, explica Mashael Aljaheri, autora de The world and a Saudi girl (El mundo y una chica saudí).

Sin embargo, la libertad con la que se expresan los blogs saudís, y especialmente los femeninos, reside en gran parte en el anonimato. “En los blogs las mujeres pueden expresar sus opiniones anónimamente, sin miedo de que las regañen o las sancionen. Eso les permite discutir abiertamente sobre religión o relaciones personales, mientras que su entorno social las silencia”, subraya Aya. “Espero que llegue un día en el que las bloggers puedan usar su identidad real sin miedo a las consecuencias”.
No es así de momento. Ninguna de las bloggers entrevistadas para este artículo quiere dar demasiados datos personales. Tampoco Aya, que en su blog se presenta como una “alien”, una extranjera, un bicho raro, tanto en Estados Unidos como en su propio país. Sólo algunos hombres, como Ahmed Al Omran, han decidido con el tiempo revelar su identidad, pero a costa de pensarse ahora dos veces lo que escribe.
Mystique, autora de uno de los blogs más leídos, revela tan sólo que es mujer, sagitario y está en la mitad de los veinte; le gusta el arte y la literatura; nació y vive en Jeda, la ciudad más liberal de Arabia Saudí, y sueña con ser escritora desde pequeña. Nada más. “Quiero permanecer anónima, porque creo que estoy tocando temas muy tabú para la sociedad saudí, sexo, religión y derechos de la mujer. Nuestra sociedad es muy pequeña, y no quiero que los fanáticos religiosos me acusen de ser una vergüenza”, explica.

The Emancipation of Mystical Thoughts, el blog de Mystique, es muy abierto para los estándares saudís. Lo que la diferencia de las demás es que usa la ficción como vía para expresarse. Escritora en ciernes, empezó a colgar en Internet sus poemas y cuentos. En la serie “él/ella”, inspirada en sus experiencias personales, las de sus amigas o lo que ve a su alrededor, refleja cómo es la vida de las mujeres saudís y aborda los detalles más íntimos de una relación. Si la novela “Chicas de Riad” de la saudí Rajaa al-Sanei, causó escándalo cuando se publicó, algunas entradas de Mystique provocan el furor de los internautas más puritanos. Los blogs están abiertos a los comentarios de sus lectores, y Mystique recibe muchas críticas e insultos, aunque también mensajes de apoyo.
Su escrito “Despotriques de una mujer árabe” generó un vivo debate online. “Nazco, un hombre elige mi nombre / Me enseñan a apreciar que no me entierre viva / Aprendo lo que él quiere que sepa / Me caso con quien él quiere que me case / Como lo que él quiere que coma / Si él muere, otro hombre controla mi vida”. Jo fue una de las lectoras más encendidas y rechazó con virulencia algunos comentarios, que lo consideraron exagerado o demasiado feminista. “¡La cuestión es que las mujeres saudís no son libres de tomar sus propias decisiones!”, escribió molesta.

Gracias a Dios por el móvil
Más allá de las discrepancias, el debate suscitado por Mystique es un ejemplo de que algo está cambiando en Arabia Saudí y de que un espacio social alternativo está tomando forma, aunque sea virtual. ¿Qué pasa con la segregación de sexos cuando hombres y mujeres intercambian opiniones online sin mutawas que los reconvengan? El wahabismo, una mezcla entre leyes religiosas y tribales, proscribe el ikhtilat, es decir, que los dos sexos se mezclen e interactúen en público. Como consecuencia, no hay cines, las universitarias siguen las clases de sus profesores a través de un circuito cerrado de televisión, los novios celebran sus bodas por separado y los chicos tienen prohibido el acceso a los centros comerciales. La separación es tan estricta –más en Riad que en Jeda- que incluso las cadenas estadounidenses McDonalds y Starbucks mantienen espacios diferentes para los solteros y para las mujeres y sus familias. No es extraño, así, que muchos jóvenes se escapen el fin de semana al vecino Bahrein, mucho más liberal aunque culturalmente muy parecido.

Hombres y mujeres se las ingenian, sin embargo, para comunicarse. Las nuevas tecnologías se han convertido en los últimos años en un arma especialmente eficaz. “Tanto si a los religiosos conservadores les gusta o no, Internet y la telefonía móvil están acercando más que nunca a ambos sexos y, por lo tanto, asestan un golpe a la segregación en el reino”, opina Aya. “Lo he dicho un millón de veces: gracias a Dios por los teléfonos móviles, son realmente el único medio seguro para poder contactar con los hombres”, añade Jo. Más pesimista, Ubergirl opina que las nuevas tecnologías están facilitando las cosas, “pero nada realmente está cambiando”.
Controvertida en este sentido fue la introducción hace dos años de los móviles con cámara y bluetooth, tanto que la Comisión para la Prevención del Vicio y la Promoción de la Virtud intentó prohibirlos. La tecnología bluetooth detecta a otros móviles que la tengan y permite transferir números de teléfono, mensajes o fotografías. En otras palabras, ligar más fácilmente. Basta conectar el sistema y ver si alguien a pocos metros de distancia lo tiene activado también. “Usar el bluetooth es mejor que intentar pasar el número de teléfono a las chicas a través de las ventanillas del coche”, explicaba Rakan, un universitario de 20 años al periódico saudí Arab News. “Así me aseguro de que ella elige aceptar mi número y no me impongo a nadie”.
A través de los blogs, hombres y mujeres pueden también relacionarse y compartir ideas, aunque todavía no cara a cara. Mystique, que fundó el blog Good Morning Jeddah con otros bloggers, conoce personalmente a las chicas pero mantiene “una amistad online” con ellos. Aunque las reuniones informales entre bloggers se han puesto de moda, cada sexo celebra las suyas por separado.

Guerra civil en la blogosfera
Bloggear es una vía de escape pero no un camino de rosas. En el mundo árabe, abrir un diario online puede entrañar riesgos personales. El panorama para la libertad de expresión no es alentador: En Egipto, que Reporteros Sin Fronteras sitúa junto a Arabia Saudí entre los 13 países enemigos de Internet, hasta seis bloggers han sido arrestados en los que va de año por las opiniones políticas o religiosas que han expresado en sus páginas. ¿Bloguear o no bloguear?, esa es la cuestión que debaten muchos internautas.
En Arabia Saudí, los bloggers liberales tienen que afrontar una censura adicional a la de la ISU: la de los bloggers más conservadores y puritanos, unidos en la llamada “Comunidad oficial de Bloggers saudís” (OCSAM), que arremete contra cualquier blog que critique el Islam, abogue por el laicismo u ofrezca una “mala imagen” del país. La OCSAM solicitó este verano el bloqueo de Saudi Eve, el diario de una mujer soltera de treinta años, que tuvo la osadía de escribir una entrada en árabe hablando de sexo y religión. Desde entonces, ha dejado de escribir.
En el caso de las mujeres, la represión funciona también a nivel doméstico. Jo ha tenido que dejar de bloguear en varias ocasiones porque su familia le prohíbe conectarse a Internet. “Espero que le pase lo mismo al resto de la peña”, se regodeó el autor de Te Verde, fundador de la OCSAM, cuando Jo anunció que estaría de baja una temporada. “Que día más bonito, ¡repleto de buenas noticias!”.